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EDITORIAL

¡Cimbrados hasta el tuétano!

PATRICIA GONZÁLEZ-KARG DE JUAMBELZ
lunes 13 de enero 2020, actualizada 8:07 am


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No es Torreón, no es La Laguna, no es México, es el mundo convulso y atroz en el que vivimos sin darnos cuenta de que ya nada nos pertenece. Un mundo en el que todo se sabe, que el instante fue y ya pasó.

La aseveración del New York Times comparando nuestra tragedia (en el Colegio Cervantes) -y digo "nuestra" porque sucedió en casa- con los acontecimientos en escuelas de Estados Unidos me pareció inadmisible. Pensé: "esos gringos con su ley de armas y facilidad de comprarlas no somos nosotros". Sin embargo, ahí está esa frontera común por la que todo pasa: la droga hacia el vecino país del norte, y de regreso las armas; pero también seres humanos, muchísimos niños, con la promesa de una vida mejor.

Comparado con el vecino país del norte pareciera que somos una nación donde la familia es importante y los hijos no son expulsados de sus casas a los 18 años. Al niño que murió, la abuela lo cuidaba, no era agresivo. ¿Qué pasó?

Pasó que nos pasamos de la raya con el acceso y exceso de información, las películas donde la verdad no siempre triunfa, las guerras en otras galaxias son posibles, las series de narcos, las telenovelas, Netflix, y todo lo que pasa en cada aparato que "informa", "miente", comparte, y los juegos que en apariencia entretienen a los niños.

Pareciera que la guerra hoy es contra los niños, la parte más indefensa de una sociedad. Una sociedad que creyó que la educación era responsabilidad de la escuela. ¿Cuántos casos de niños maltratados y, lo peor, violados en instituciones de élite? Crímenes de lesa humanidad. La Iglesia calló, y hoy hay muchos sacerdotes refugiados en Roma luchando contra su extradición. Qué claro me resulta al ver la película de "Los dos papas". Sin embargo, también es esperanzador advertir que dos opuestos pueden llegar a conciliar, que no es lo mismo que consentir...

¿Acaso los padres hemos fallado al dejar solos a los niños? Yo creo que sí, los hemos dejado solos ante los iPads, los celulares, las series y telenovelas que a las cinco de la tarde nos muestran lo fácil que es disparar un arma -porque la venganza es muy fácil-, acabar con todo, empezando por tu "miserable vida". ¿Será...?

Tratando de encontrar porqués, vuelvo al punto sin retorno en el que medito en aquello en lo que nos hemos convertido los seres humanos: inmunes ante el dolor, incapaces de pensar en el prójimo, en las generaciones venideras y en la maravillosa posibilidad de tratar de entender la "verdad" del otro.

Solo hay que ver cómo está el mundo. En Inglaterra los adultos decidieron por los jóvenes heredándoles un Brexit que no escogieron. No sé si Trump se equivocó con Irán habiendo asesinado a Qasem Soleimani, o fue su torcida forma de salirse de la zona, que hoy le pertenece a Putin.

Hoy todo está interconectado, nuestra tragedia en Torreón es noticia mundial. Todos tenemos hijos y nietos a los cuales habremos de legarles este mundo. ¿Podemos seguir apáticos viendo las noticias y dejar que la vida pase? Ya no.

No todo lo que circula en redes es creíble. Estemos más pendientes de los metamensajes de las nuevas historias (igual que las de otros tiempos) de Disney, Pixar, Netflix, etcétera.

Por nuestros hijos y nietos, leamos con ellos, alejémonos del uso excesivo de las redes, hablemos de salud mental sin miedo y de lo que sienten nuestros niños. La Organización Mundial de la Salud indica que este año la depresión será la segunda causa de discapacidad en el mundo y primera en México.

El Colegio Cervantes es una institución impecable y con una gran historia. Me solidarizo con la comunidad educativa y manifiesto mi profunda admiración y respeto por la maestra que logró salvar muchas vidas a costa de la suya.

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